Julio César, o la "pérdida del piso"


El terror, fue una de las armas de Julio César. De acuerdo a Plutarco, estas guerras se cerraron con un balance de 800 ciudades tomadas

*.- Julio César duplicó los dominios de Roma. Su fama en la metrópoli creció lo mismo que la envidia, donde crecían las iniciativas en su contra.

Cayo Julio César, Gaius Lulius Caesar en latín, fue un brillante general y político romano. Miembro de una familia patricia, desde muy joven ascendió rápidamente en la escala del poder, hasta terminar con la era republicana e instaurar la dictadura y el imperio. Y decir César, es decir el Emperador.
 
Ejerció la abogacía y figuró en forma destacada en campañas en Asia y en Hispania, y en Roma logró ser electo Pontifex Maximus, Máximo Pontífice, constructor de puentes entre la divinidad y el pueblo, cargo que le dio la dignidad de intocable.
 
Recibió poderes proconsulares para gobernar las provincias de las Galias Transalpinas, en aquel entonces una pequeña franja del sur de Francia, y emprendió las memorables Guerras de las Galias, en que gracias a su genio militar y a que supo conjugar sabiamente la fuerza con la diplomacia y el manejo de las rencillas tribales, extendió el dominio de Roma a toda Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y cruzando el Canal de la Mancha hacia Inglaterra.
 
El terror, fue una de las armas de Julio César. De acuerdo a Plutarco, estas guerras se cerraron con un balance de 800 ciudades tomadas, como la de Avarico, en la que de sus 40,000 defensores solo quedaron 800; 300 tribus fueron sometidas, un millón de galos reducidos a la esclavitud y tres millones fueron muertos en los campos de batalla. Las cifras varían. Plinio habla de un millón doscientos mil muertos y otros tantos prisioneros.
 
Julio César duplicó los dominios de Roma. Su fama en la metrópoli creció lo mismo que la envidia, donde crecían las iniciativas en su contra. Regresa con sus legiones y es detenido en el Rubicón por el Senado. Este rio marcaba la frontera de la Italia de entonces, la Roma propiamente dicha, con la provincia Cisalpina, y los generales tenían prohibido cruzarlo con armas. Allí Julio César pronunció su célebre frase "La suerte está echada", y cruzó ele rio arrostrando la guerra civil y entronizándose como dictador e inaugurando el Imperio,
 
Julio César realizó una trascendente reforma económica, urbanística y administrativa manteniendo una excelente relación con el Senado, al que manejó con sus habilidades diplomáticas, y es conocida su actitud de mantener a un esclavo a sus espaldas
 
con la orden de que cada vez que lo aclamaran, le jalara la túnica y le dijera al oído "Acuérdate que no eres Dios"
 
Sin embargo, esta actitud realista, se fue perdiendo ante las lisonjas de los ujieres de siempre, y finalmente llegó al extremo ordenar troquelar monedas con el sello de "dictador perpetus"; la relación con el Senado se degradó y surgieron las primeras conspiraciones para derrocarlo. Así surgió el plan en que participó su pupilo Bruto, en el que fue citado para que le entregaran un pliego petitorio. Introducir armas al Senado era un sacrilegio y Julio César era intocable por su dignidad de Pontifice Máximo, sin embargo, fue agredido y ya en el suelo se volcaron los Senadores sobre él, propinándole más de 23 puñaladas, de la que Suetonio dice que una era mortal. ¿A este historiador se le atribuye también registrar la última frase de Julio Cesar, dirigiéndose a Bruto "¿Tú también, hijo mío?"
 
Hace falta el ujier que jale la túnica. Es común que en el ejercicio del poder se pierda el piso. Ha pasado desde hace muchos siglos, y desafortunadamente lo volvemos a vivir. El canto de las sirenas sigue flotando en nuestro ambiente político.
 
 
 
 
 
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