El árbol de navidad.


San Bonifacio, evangelizador de Alemania, tomó un hacha y derribó un árbol que representaba al Yggdrasil

*.- El árbol de navidad, como lo conocemos actualmente, aparece en Alemania al inicio del siglo XVII, de donde se trasladó esta costumbre a los países escandinavos al inicio del siglo XIX.

El ya tradicional árbol de navidad, cuyo montaje se ha propagado en los cinco continentes,  tiene su origen más remoto en Alemania, donde se adornaba un árbol perenne en fechas próximas al solsticio de invierno, para celebrar el nacimiento de Frey, dios del sol y la fertilidad,
 
Este pino o abeto, adornado, representaba al árbol del universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard, la morada de los dioses y en sus raíces más profundas Helheim, el reino de los muertos. Posteriormente con la evangelización,  se tomó la idea de celebrar el nacimiento de Cristo.
 
Se cuenta que San Bonifacio, evangelizador de Alemania, tomó un hacha y derribó un árbol que representaba al Yggdrasil, antes mencionado, y en su lugar plantó un pino, representando el amor de Cristo, adornándolo con manzanas que simbolizaban el pecado original y las tentaciones, y velas que representaban la luz de Cristo, iluminando al mundo. Con el transcurrir del tiempo, las manzanas se cambiaron por esferas, significando los dones de la divinidad, y las velas por luces y otros adornos, agregando los regalos para los niños.
 
El árbol de navidad, como lo conocemos actualmente, aparece en Alemania al inicio del siglo XVII, de donde se trasladó esta costumbre a los países escandinavos  al inicio del siglo XIX. En Inglaterra se  adorna el primer árbol de navidad en el Castillo de Windsor en 1841, a iniciativa del Príncipe Alberto, de origen alemán, esposo de la reina Victoria.
 
Esta costumbre es llevada  a España por Sofía  Troubetskoy, de origen ruso, quien al enviudar del Duque de Morny, hermanastro de Napoleón III, contrajo segundas nupcias con el español José Osorio y Silva, marqués de Alcañices, y mandó colocar el primer árbol navideño en Madrid, en diciembre de 1870,  en el ya desaparecido Palacio de Alcañices, que se ubicaba en la esquina del Paseo del Prado con la calle de Alcalá.
 
El árbol de navidad recuerda al árbol del Paraíso, de cuyos frutos comieron Adán y Eva y de donde vino el pecado original y por tanto también recuerda el nacimiento del Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa al Árbol de la Vida y se dice que por su forma triangular, a la Santísima Trinidad.
 
La tradición de adornar el árbol proviene también de la Alemania
 
del siglo XVII y la estrella colocada en la cima del árbol  significa la fe que debe guiar la vida cristiana en recuerdo a la Estrella de Belén. Las esferas que sustituyen a las manzanas con que San Bonifacio intentó representar a las tentaciones, hoy simbolizan los dones de la divinidad y los lazos encarnan la unión de las familias alrededor de los dones que desean dar y recibir  y finalmente las luces, como antes las velas, representan la luz de Cristo.
 

En la actualidad son famosos los árboles de navidad del Centro Rockefeller, en Nueva  York, el gigantesco árbol flotante de Rio de Janeiro, y   el de la ciudad de México, en la glorieta de La Palma de nuestro Paseo de la Reforma, que ha batido record mundial por gran altura.